noviembre 13, 2010

Populismo y desarrollismo en América Latina

Manifestación en apoyo a Perón
A raíz de la crisis económica mundial desencadenada en 1929, América Latina vio mermada sus exportaciones en un 60%. Asimismo, el desempleo llegó a niveles nunca antes registrados: México alcanzó la cifra de 700 mil desocupados; Cuba y Colombia, 300.000; Guatemala, 60.000, y Costa Rica, 40.000. Esta situación afectó a todos los sectores sociales, aunque de distinta forma. De cualquier modo, puso en evidencia que el modelo exportador de materias primas hacía agua.

Crisis exportadora

En los años 20, la política en América Latina se decantaba por cauces muy diversos y no se prestaba a rígidas generalizaciones. En Brasil, Paraguay y Perú, los partidos oligárquicos se aferraban al poder, sustentado en la clase terrateniente. En la Argentina y Uruguay, los partidos representantes de las clases medias, la Unión Cívica Radical (UCR) y el batllismo, respectivamente, habían llegado al gobierno con banderas democráticas y nacionalistas, pero se estancaban, acosados por la crisis y las presiones oligárquicas, hacia posiciones conservadoras. Esta fue la evolución de la UCR desde la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen (1916-1922), líder fundacional del radicalismo, hasta la de su sucesor, Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928). Cuando Yrigoyen inició su segundo mandato (1928-1930), quiso retomar las viejas banderas populares del partido, fue derrocado por un cuartelazo encabezado por el general José Félix Uriburu, iniciador de la saga de golpes militares que Argentina padeció a lo largo del siglo XX. El mismo derrotero siguió en Uruguay con el batllismo: se inició con las dos presidencias progresistas de José Batlle y Ordóñez (1903-1907/1911-1915) y culmina con el golpe militar de 1933.

Al hundirse las exportaciones, los ingresos de los gobiernos latinoamericanos se vieron severamente afectados y, consecuentemente, los créditos extranjeros cesaron. Los gobiernos se volvieron insolventes y, ante el incremento de las protestas sociales por el cierre de puestos de trabajo y el crecimiento acelerado del paro, recurrieron a la represión. Ese fue el caso de los regímenes de Augusto Leguía, en Perú (1919-1930); Gerardo Machado, en Cuba (1925-1933); Juan Vicente Gómez, en Venezuela (1908-1935); Carlos Ibáñez del Campo, en Chile (1927-1931),e Isidro Ayora, en Ecuador (1925-1930).


En muchos casos, insuficientes para controlar el descontento social, varios de estos gobiernos fueron derrocados por golpes de Estado. En 1930, cayeron seis presidentes y cuatro más en 1931. Sin embargo, pese a que la intervención de las fuerzas armadas invalidaban el orden constitucional, en muchos casos la saga golpista revistió un carácter engañosamente democrático, ya que los gobiernos derrocados eran, en los hechos, represivos. No obstante, cuando la gran crisis fue seguida por la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo tradicional, tanto político como económico, se vino abajo. El viejo orden oligárquico liberal -siempre más oligárquico que liberal- entró en una fase terminal. La gran crisis iniciada en 1929 despertó duras críticas a la economía del laissez-faire, incluso en Estados Unidos, donde se impuso el criterio keynesiano del New Deal. En muchos países latinoamericanos hallaron eco en los "modelos alternativos" al capitalismo tradicional, especialmente el corporativismo de inspiración fascista. Sobre esta base, se trazaron proyectos de cortar la dependencia del capital extranjero y priorizar el propio desarrollo a través de un esfuerzo industrializador y la expansión del mercado interno. El cese de exportaciones implicó la disminución de la importación de manufacturas, lo que favoreció su sustitución por productos de fabricación nacional.

Variantes nacionalistas

En Brasil, México y Argentina, el crecimiento industrial ayudó a compensar la caída de los ingresos debido al cambio del valor de las divisas y, de paso, transformó las estructuras económicas, con consecuencias políticas de nuevo tipo. Los sectores agroexportadores -la vieja oligarquía patricia- perdieron terreno frente a los industriales. La clase obrera creció, lo mismo que su influencia política, y el Estado pasó a desempeñar un papel regulador.

Getúlio Vargas, presidente de Brasil y
creador del Estado Novo (1930-1945)
Florecieron diversas formas de corporativismo, como fue el caso del Partido de la Revolución Mexicana -antecedente del Partido Revolucionario Institucional (PRI)-, liderado por Lázaro Cárdenas (1934-1940), o el Estado Novo, impulsado en Brasil por Getúlio Vargas (1930-1945).

Entretanto, al igual que en el resto del mundo, los aranceles en América Latina subieron y el comercio exterior se volvió más dirigido y bilateral. Cuba firmó un tratado de reciprocidad con Estados Unidos en 1934; Argentina firmó el Pacto Roca-Runciman, con Gran Bretaña en 1934. Brasil sufrió una caída abrupta del precio mundial del café, pero el centro de la región cafetalera, la ciudad de Sao Paulo, creció como un pujante enclave industrial. En Colombia se dio un proceso similar.

México salió fortalecido de la crisis, gracias a no depender de un único producto de exportación, a la adopción de medidas keynesianas y a la profundización de la reforma agraria. El presidente Cárdenas fomentó el sindicalismo, nacionalizó las compañías petroleras británicas y estadounidenses y sentó las bases de un Estado moderno. Hubo otras versiones nacionalistas de reforma social. En los años 30, en Chile y Perú surgieron gobiernos de Frente Popular y, en Bolivia, entre 1936 y 1949, un régimen "militar socialista", que al igual que el Estado Novo brasileño, combinó la intervención estatal con un marcado régimen político autoritario.

Con apariencias semejantes al fascismo europeos pero con abismales diferencias, estos regímenes desempeñaron un papel más progresista, popular y movilizador que los del Viejo Mundo. Por su proverbial dependencia de las grandes potencias, los diversos movimientos nacionalistas de América revistieron un carácter anticolonialista y antiimperialista, que les aseguró un fuerte arraigo popular y una profunda vigencia histórica.

La vía tercerista

Juan Domingo Perón, presidente de Argentina
(1946-1955/1973-1974)
En este sentido, el ejemplo más notorio es del peronismo, en Argentina. Su influencia en la vida política de ese país, iniciada a partir de la actuación del general Juan Domingo Perón (1944-1974), se mantiene hasta la actualidad pese a haber padecido las más diversas y a menudo brutales formas de represión. Asentado sobre una fuerte alianza social entre la clase obrera, la burguesía vinculada al mercado interno y sectores del campo desplazados, Perón, con el respaldo de sectores nacionalistas del ejército, enarboló las tres banderas de "una Argentina políticamente libre, socialmente justa y económicamente soberana".

Su equidistancia de los dos grandes bloques de la Guerra Fría -capitalista, liderado por Estados Unidos y comunista, liderado por la Unión Soviética- le permitió oponerse a la intervención estadounidense en Guatemala (1954) o su rechazo al envío de fuerzas militares a la Guerra de Corea, pese a las presiones de Washington. A la vez, Perón mantuvo una severa represión contra el Partido Comunista y los sectores marxistas en general. Situado en la mira de las grandes potencias, un golpe militar interrumpió su mandato en 1955, lo que no le impidió, tras 18 de exilio, a regresar a la presidencia en 1973.

En Bolivia, en 1952, liderada por Víctor Paz Estenssoro, estalló la llamada Revolución Nacional Boliviana. El gobierno, monopolizado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), puso fin al régimen integrado por militares derechistas y corruptos, estableció el monopolio estatal en la exportación del estaño y nacionalizó las minas. En 1953, una reforma agraria convirtió al campesinado, mayoritariamente indígena y hasta entonces marginado, en una importantes fuerza política. Los mineros, liderados por Juan Lechín, se convirtieron en el motor de la poderosa Central Obrera Boliviana (COB).

En los países más pequeños de América Latina, sobre todo en la región del Caribe, donde antes de la década de 1930 fueron frecuentes las intervenciones militares estadounidenses, la variante nacionalista y antiimperialista resultó inhibida por la vecindad vigilante de Estados Unidos. La excepción fue Costa Rica, cuya economía, basada en pequeñas haciendas cafetaleras, propició un sistema democrático estable y estructuras sociales relativamente equitativas.
"Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante; y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra." Rodolfo Walsh (1927-1977), periodista, víctima de la dictadura militar argentina

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