agosto 15, 2011

El Crack de 1929 y la crisis económica

La euforia económica de los años 20, apoyada en el crecimiento de Estados Unidos y en la rápida reconstrucción de Europa, creó una burbuja financiera que explotó en octubre de 1929 y sumió en una profunda crisis al mundo industrializado.

El fin de la Primera Guerra Mundial impuso una nueva realidad para los países participantes: desde ese instante todos los esfuerzos debieron concentrarse en la reconstrucción de sus alicaídas economías, profundamente afectadas por la paralización industrial, la destrucción de los campos agrícolas y las deudas y compensaciones de guerra comprometidas tras el fin del conflicto.

El caso más dramático lo constituía Alemania. Sindicada por el Tratado de Versalles (1919) como la única nación responsable de la guerra, fue obligada a pagar elevadas sumas de dinero por concepto de reparaciones bélicas, debiendo soportar además una serie de restricciones que impedían cualquier despegue económico. Distinta es la situación de Estados Unidos, que gracias a la guerra había logrado arrebatar a Europa -específicamente a Gran Bretaña- la hegemonía mundial. Sus continuos préstamos a las naciones europeas durante el conflicto, su habilidad para mantener fluidos vínculos comerciales con las desabastecidas colonias europeas y su oportuno ingreso a la guerra en 1917, terminaron alzándola como la nueva potencia mundial a inicios de la década de 1920.

Los felices años 20

Estados Unidos será precisamente el gran protagonista de un sostenido despegue económico que comenzará a dar frutos desde mediados de la década de 1920. Esta época, conocida como los "felices años 20", se caracterizará por el aumento vertiginoso de la producción de bienes de consumo, la aparición del crédito como principal mecanismo para asegurar el acceso de la población a estos productos y la masificación de la especulación bursátil, práctica que mediante la compra/venta de acciones de grandes empresas facilitaba la acumulación de dinero a quienes contaban con cierto capital financiero.

Nueva York, el principal centro comercial y financiero de EE.UU.
El aumento de la producción industrial estuvo directamente vinculado a la mecanización y reorganización de los procesos productivos. En esta década, los hogares de la clase media comenzaron a tener automóviles y electrodomésticos, que modificaron para siempre los ritmos de la vida hogareña y que pasa a convertirse en un símbolo de las nuevas formas de producción y de las facilidades que el mercado entregaba para el consumo.

Línea de montaje de automóviles Ford
Así, la mayor disponibilidad de bienes tuvo como consecuencia la disminución de precios, lo que estimuló el consumo de la población. A esto también contribuyó el desarrollo de la publicidad, que utilizó la prensa y la radio para promocionar los nuevos productos. En este escenario, el sistema de compras a plazo comenzó a cumplir un papel gravitante. Pese a que los sueldos de los trabajadores no aumentaron considerablemente durante la época, el acceso al crédito facilitó el consumo y justificó los elevados índices de producción industrial. El clima de estabilidad general y la noción de una prosperidad económica sin límites parecía haber desterrado el miedo al endeudamiento.



Esa misma confianza parecía existir en el mundo financiero, donde no sólo participaban los grandes capitalistas, sino que cualquier ciudadano que tuviera algo de dinero para invertir en acciones. La especulación se convierte en la práctica cotidiana que prometía fáciles ganancias.

Los no tan felices años 20

La sostenida bonanza económica de Estados Unidos no beneficiaba a todos por igual. Los campesinos vivieron una década de total estrechez, como efecto de la persistente baja en los precios de los productos agrícolas. Este descenso se explicaba por la creciente mecanización de las actividades agrícolas, que aumentó la disponibilidad de alimentos a niveles que el mercado interno no podía absorber. A ello se sumaba la recuperación de la agricultura europea luego de la guerra y el ingreso al mercado de nuevos países -Rusia y Argentina- que copaban los eventuales destinos de exportación. Por eso, los salarios de los trabajadores rurales fueron muy bajos en comparación al sueldo promedio de los obreros industriales, lo que generó un aumento de la migración hacia las grandes ciudades.

Tampoco la población negra disfrutaba de los beneficios de la prosperidad general. Destinados a asumir los trabajos peor remunerados y a vivir en condiciones de pobreza extrema, debieron además soportar los ataques del Ku Klux Klan, agrupación racista que perseguía a miembros de la comunidad negra, especialmente en el sur del país. Hacia 1924, el Ku Klux Klan llegó a tener cerca de 5 millones de miembros.


La década de 1920 estuvo también marcada por la violencia y la corrupción asociada a las mafias. Estos irrumpieron en la escena estadounidense luego de la implantación de la Ley Seca (1919), el cual prohibía la fabricación, comercialización e ingesta de todo tipo de alcohol. Lejos de erradicar el consumo, la ley terminó estimulando la aparición de un mercado clandestino, el cual era defendido por bandas de pistoleros o gángsters, quienes implantaban la violencia y el crimen organizado, mientras que la policía y las autoridades daban luz verde al contrabando, incentivados por una red de sobornos que llegó a altos niveles de gobierno. La Ley Seca fue derogada finalmente en 1933.


El Crack de Wall Street

Los "felices años 20" tuvieron un abrupto fin el 24 de octubre de 1929, cuando Wall Street, la Bolsa de Valores de Nueva York se desplomó ante el pánico estadounidense y mundial. Al advertirse los primeros signos de contracción en las transacciones comerciales, los inversionistas mejor informados comenzaron a vender sus acciones antes que los precios descendieran en exceso. Esta señal despertó las sospechas en el mercado aumentando la venta masiva de acciones. La repentina venta hizo cundir la incertidumbre y todos quienes habían invertido dinero en la Bolsa quisieron deshacerse de sus acciones, instalándose un ambiente de desconfianza en que nadie se atrevía a invertir. Con la excesiva oferta, los precios de las acciones cayeron drásticamente y los inversionistas tuvieron que vender sus acciones a precios menores: las pérdidas fueron millonarias. El día 24 de octubre -conocido después como el "jueves negro"- se perdieron cerca de 12 millones de acciones. La era de prosperidad había llegado a su fin.

Índice de precios de Wall Street
La Bolsa de Nueva York en 1929
El "jueves negro" no fue más que la expresión de una profunda crisis fraguada por años. La especulación generalizada sólo tenía como respaldo las expectativas y la sensación de seguridad de quienes participaban en el mercado. Como al principio, el negocio parecía fácil y rentable, más personas se interesaron en invertir, subiendo artificialmente el precio de las acciones. Los ciudadanos invertían sus ahorros, pedían dinero prestado e incluso los bancos especularon con los dineros de sus clientes. Pero la crisis hizo que el sistema se desplomara.

Índice Dow Jones 1929-1930
Además, hacia fines de la década de 1920 la producción industrial había llegado a su límite. Las utilidades del primer despegue y el uso de nuevas técnicas estimularon la ambición de los industriales que mantuvieron, durante años, altas tasas de producción. Al terminar la década y al ver que la oferta de productos sobrepasaba la capacidad de compra de los norteamericanos, optaron por reducir la producción. Esta decisión significó el despido de un número importante de trabajadores que, al no contar con recursos, dejaban de consumir. De esta forma, se paralizaban las transacciones y se detenía el ciclo.

Por lo demás, durante el período el aumento de los salarios fue bajo en relación a las ganancias del sistema económico. Mientras que las remuneraciones de los obreros no subían más del 8%, las ganancias de las empresas superaban el 70%. Esta desigual distribución del ingreso mantuvo la capacidad de consumo de la población a niveles bajísimos, el cual se solucionó gracias al crédito, el cual también tuvo un efecto devastador en el desarrollo de la crisis.

Índice de desempleo en EE.UU. (1920-1940)
Las consecuencias de la caída de Wall Street se hicieron sentir rápidamente. A los pocos días todos los inversionistas que habían pagado altas sumas por sus acciones estaban totalmente arruinados, lo que conllevó también a la quiebra de sus acreedores, ya que nadie estaba en condiciones de restituir los préstamos concedidos durante el período de auge económico. La crisis afectó también a las instituciones bancarias que habían participado activamente de la especulación. Las pérdidas asociadas al hundimiento de los precios se vieron agravadas tras el pánico de los clientes, quienes retiraron el dinero de sus cuentas, lo que provocó la quiebra bancaria, dejando a millones de clientes sin sus ahorros.

Manifestaciones en Wall Street (1932)
Colas de desempleados
Miseria en el campo
"Hoovervilles" o campamentos marginales
La contracción económica se hizo sentir también en el sector productivo industrial y agrícola, ya que los bajos niveles de demanda obligaron a disminuir la producción, cerrando fábricas y despidiendo a sus trabajadores. Millones de campesinos perdieron sus tierras al no poder cancelar sus préstamos, debiendo emigrar hacia las ciudades para no morir de hambre, haciéndose frecuentes las "colas de alimentos". El desempleo llegaba a niveles altísimos y la frustración era masiva.

Impacto internacional de la Crisis de 1929

La crisis fue una ocasión que confirmó el protagonismo de Estados Unidos en la marcha de la economía mundial. Si durante la década de 1920 su prosperidad había marcado la pauta del despegue europeo, también lo marca su derrumbe a partir de 1929. Ninguna economía fue ajena a la crisis.

La expansión de la crisis se explica debido al papel de Estados Unidos como acreedor internacional, vía préstamos, para diversos países del mundo, lo que generó una excesiva dependencia que se hizo patente cuando Estados Unidos suspendió la asistencia financiera y exigió el pago de los compromisos pendientes para hacer frente al colapso financiero. Esta decisión fue fatal para países como Alemania, que confiaron en la asistencia norteamericana para su proceso de reconstrucción económica. Asimismo, la crisis contrajo el comercio internacional: la menor capacidad de compra hizo disminuir la importación de manufacturas, lo que hizo quebrar a miles de empresas a nivel mundial. Países exportadores de materias primas, como Chile, se vieron afectados, pues la caída de las ventas impidió la recuperación del dinero para la importación de productos elaborados. Debieron, entonces, generar industrias propias para satisfacer la demanda local y atenuar la dependencia de los ciclos mundiales.


En la práctica, la desaceleración del comercio exterior tenía que ver con la aplicación de una serie de medidas proteccionistas orientadas a favorecer el mercado interno. El Estado empieza a cobrar un protagonismo importante, regulando la marcha económica y distanciándose así de los principios del liberalismo económico, el laissez faire, según el cual los gobiernos debían abstenerse de intervenir o alterar el "normal" funcionamiento del mercado.

El "New Deal" y el nuevo protagonismo del Estado

La llegada del demócrata Franklin D. Roosevelt a la presidencia de Estados Unidos (1933), marcó un giro importante en la búsqueda de una salida a la apremiante situación económica del país. A diferencia de su antecesor, el republicano Herbert Hoover (1929-1933), Roosevelt impulsó una serie de medidas que involucraron directamente al Estado mediante un fuerte plan de inversión y gasto fiscal. Este conjunto de reformas, conocidas como el New Deal (nuevo trato), buscaba socorrer a quienes habían resultado más afectados por la crisis, reactivar la economía aplicando estímulos a la producción, la demanda y el empleo, y reformar el sistema económico con el fin de evitar cataclismos financieros similares al de 1929.

Franklin D. Roosevelt, Presidente de Estados Unidos (1933-1945)
Plan de obras públicas impulsadas por la administración Roosevelt
Planes de recuperación económica del New Deal
Aun cuando el paquete de medidas del New Deal no cumplió con todos los objetivos que Roosevelt se había propuesto -en parte por errores de ejecución y por la dura resistencia de los sectores liberales ante la sistemática intervención del Estado-, su formulación y puesta en práctica resultó clave en el posterior desarrollo económico y político del siglo. En primer lugar, permitió la estabilización de la deteriorada economía estadounidense, estabilización que se convirtió en el primer paso para la reconstrucción de los pilares centrales de su sistema productivo y financiero. Asimismo, sentó las bases de lo que se conocería como Estado de Bienestar, un Estado comprometido económicamente con las condiciones de vida de su población, especialmente la más vulnerable- en áreas tan sensibles como educación, salud y previsión. Por último, ayudó a restablecer la confianza de los estadounidenses en el gobierno y en su propio sistema político, la democracia liberal, justo cuando ideologías alternativas comenzaban a tomar fuerza o cobraban nuevo atractivo como consecuencia de la crisis económica. Mientras algunos países volvían su mirada hacia la URSS en busca de un modelo social distinto al capitalista, cada vez menos confiable después de la crisis, otros -como Alemania, Italia y Japón- eran dominados por gobiernos autoritarios, fuertemente nacionalistas y sustentados en el control absoluto de las libertades de los ciudadanos.
"Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante; y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra." Rodolfo Walsh (1927-1977), periodista, víctima de la dictadura militar argentina
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