agosto 29, 2010

El costo de la Independencia

Los enormes esfuerzos humanos, económicos y políticos desplegados durante la emancipación fueron compensados con el triunfo patriota, generando un clima de orgullo y optimismo. Sin embargo, en corto tiempo, se evidencia un escenario lleno de desafíos.

El período comprendido entre la abdicación de Bernardo O'Higgins (1823) y la batalla de Lircay (1830) ha sido denominado de distintas maneras por la historiografía nacional. Para los historiadores tradicionales, como Diego Barros Arana y Francisco Antonio Encina, la sucesión de distintos gobiernos y modelos de organización, en corto tiempo, han llevado que aquellos años sean denominados como "períodos de anarquía". En cambio, para historiadores contemporáneos como Simon Collier o Julio Heise, estas mismas características lo llevan a considerarla de "aprendizaje político" o de "organización nacional". Sin embargo, todos concuerdan que fueron años intensos, caracterizados por un constante debate político, la implementación de distintas formas de organización y el surgimiento de complicaciones que dificultaron la búsqueda de un modelo de organización ideal:
  • Inexperiencia de la clase política, debido al no acceso de los cargos públicos durante el período colonial, lo que impidió su formación política, generando un grupo instruido e imbuido en ideas políticas ilustradas, pero sin experiencia en el ejercicio del poder.
  • Dificultades económicas. La inestabilidad económica fue una característica constante tras la caída de O'Higgins; salvo por la minería, el resto de las actividades económicas se vieron paralizadas. El desgaste provocado por las guerras de Independencia, la pérdida del mercado peruano y la necesidad de cancelar la deuda contraída con Gran Bretaña para financiar la Escuadra Nacional hicieron necesario implementar controvertidas medidas, como la confiscación de los bienes del clero y la venta de parte de la escuadra para aumentar el ingreso fiscal.
Sumado a lo anterior, se otorgó el estanco (monopolio) de algunos productos, como el tabaco y los naipes a comerciantes privados, a cambio de que estos saldaran la deuda externa del país.
  • Diferencias entre militares y aristócratas. El prestigio de los militares durante la Independencia fue ahora cuestionado por la aristocracia criolla, ansiosa de tomar el control de la dirección del país. Sin embargo, este sector buscó el apoyo militar para acceder al poder en reiteradas ocasiones.
  • Resistencia realista. La consolidación de la Independencia era aún un tema pendiente, pues los realistas mantenían presencia en Chiloé. La expulsión de las fuerzas españolas fue una prioridad, ejecutada mediante una incursión liderada por Ramón Freire, que logró la incorporación definitiva de la isla tras las batallas de Pudeto y Bellavista (1826).
Los grupos políticos y la lucha por el poder del Estado
La autonomía de España no trajo cambios relevantes en la conformación de la estructura social. A comienzos de la década de 1820, la elite criolla continuaba siendo el grupo más influyente a nivel político, económico y cultural. Pese a que al interior de la elite existía acuerdo en torno a establecer un orden republicano, las diversas opiniones sobre la forma de implementar este sistema dieron origen a fuertes disputas políticas entre las principales corrientes de la época:
  • Pipiolos (liberales). Compuesto principalmente por jóvenes profesionales, comerciantes e intelectuales, este sector fue partidario de la instauración de un régimen en el que se reconociera la igualdad entre las provincias chilenas y se le asignara mayores facultades al Poder Legislativo. Además, inspirados en el liberalismo europeo, aspiraron a lograr mayores libertades y disminuir la influencia de la Iglesia sobre el Estado.
  • Federalistas. Este grupo defendía la idea de un Estado federal que favoreciera la descentralización política y la autonomía económica de las provincias. Su líder fue José Miguel Infante,
  • Pelucones (conservadores). Conformado mayoritariamente por terratenientes de la aristocracia criolla, defendió la idea de organizar Chile como un Estado unitario, dirigido autoritariamente por un Poder Ejecutivo con amplias atribuciones. También fueron partidarios de mantener la influencia de la Iglesia católica sobre el Estado. Sus principales representantes fueron Juan y Mariano Egaña.
  • Estanqueros. Grupo compuesto por comerciantes, defensores de un gobierno fuerte y autoritario que asegurara el orden necesario para acabar con la inestabilidad económica imperante. El líder y fundador de este movimiento fue Diego Portales.
  • O'Higginistas. Sector liderado por militares partidarios del gobierno de O'Higgins que aspiraban al retorno del Director Supremo. Defendían la idea de un gobierno autoritario y centralizado.
En busca de una organización legal

La influencia de la Ilustración sobre la clase dirigente quedó demostrada en su afán constitucionalista. Durante el período de organización nacional se redactaron tres reglamentos constitucionales en los que se reconocieron los principios de soberanía popular y separación de los poderes del Estado.

Tras la abdicación de O'Higgins, asumió interinamente una Junta de Gobierno dirigida por José Miguel Infante, que depositó el mando en Ramón Freire como Director Supremo. El Congreso, inaugurado a mediados de 1823, ratificó a Freire en el cargo y procedió a la conformación de una comisión constituyente dirigida por Juan Egaña. Como resultado, fue promulgada la Constitución de 1823, conocida popularmente como Constitución Moralista pues, además de su evidente conservadurismo, tuvo entre sus objetivos la promoción de la moralidad pública y privada.

Esta Constitución no generó consenso y debilitó el apoyo popular hacia Freire quien, mientras dirigía la campaña de incorporación de Chiloé, fue depuesto de su cargo y reemplazado por Manuel Blanco Encalada, que en 1826 asumió como primer Presidente de Chile. Durante su mandato, promulgó un conjunto de disposiciones legales conocidas como Leyes Federales, que quisieron transformar a Chile en un Estado federal compuesto por ocho provincias autónomas. Sin embargo, la inestabilidad interna no permitió la implementación de estas medidas y Blanco Encalada renunció, dando paso a un interregno que duraría hasta los primeros meses de 1827.

En mayo de 1827, el liberal Francisco Antonio Pinto asumió como Presidente por un período de dos años. Tal como lo hicieron sus predecesores, Pinto promovió la redacción de una nueva Constitución, esta vez de marcado acento liberal. La promulgación de la Constitución Liberal de 1828, creada por José Joaquín de Mora, generó descontento entre los conservadores, situación que derivó en la radicalización de la crisis política que afectaba a nuestro país y en el estallido, a partir de 1829, de una sangrienta guerra civil que enfrentó a liberales y conservadores.

Luego de varios meses de conflicto, la facción conservadora selló su triunfo en la batalla de Lircay (1830), asumiendo el control político de Chile por las siguientes tres décadas.
"Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante; y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra." Rodolfo Walsh (1927-1977), periodista, víctima de la dictadura militar argentina
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...